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VIERNES 30-07-2010



Desmovilizarse !mamola !

Desmovilizarse !mamola !

ANNCOL

 

El sueño de la oligarquía-mafiosa-paramilitar en Colombia es ver desmovilizada a la insurgencia. Lejos están las FARC-EP y hasta donde sabemos el ELN, de ese sueño oligárquico.

 

Así se la imaginan los gremios, recibiendo consulados, becas y taxis o institutos descentralizados como lo han hecho los otrora comandantes del M-19, o de la Corriente de Renovación Socialista, entre otros.

 

Cuando el EME se desmovilizó sus mejores hombres habían perecido, quedaron los guerrilleros de cafetín, los social vácanos. En Santo Domingo, cuando el EME se concentró, meses previos a su desmovilización, su situación era calamitosa. Estaban prácticamente aguantando hambre. Si no es por la valentía del mocho Gabriel, que rompía el cerco del ejército para traer cualquier vaca a la tropa, la situación había sido otra. Recordamos a Pizarro, que no se ponía camisas, sino que se las colgaba, de lo flaco que estaba. Ese cuadro famélico, no era grave a pesar de su magnitud, lo grave era que el EME ya estaba vencido ideológicamente. Cuando se pierde la conciencia de clase, cuando se pierde el rumbo ideológico, lo único que queda, es ser un cadáver político, la muerte política llega a cuenta gotas, y es ahí cuando la oligarquía ofrece un plato de lentejas, y pasa lo que pasó. Esa historia ya la conocen de sobre nuestro lectores.

 

Con las FARC-EP el sueño oligárquico de la desmovilización, como lo expresó el ministro de la defensa, en la euforia decembrina, es una quimera.

 

Cada día, en cada poblado, en cada vereda, en cada cabecera municipal, muchos jóvenes hacen cola, para ingresar a la insurgencia. Algunos se vuelan de sus hogares y se aparecen en los campamentos guerrilleros, con una dinámica social que los precede; Ausencia de tierra para trabajar, las fumigaciones, la falta de crédito, la falta de política agraria, la ausencia en últimas de reforma agraria.

 

Y no sólo en el campo, estudiantes universitarios, trabajadores, desplazados, desempleados, ingresan al trabajo clandestino todos los días, y rápidamente quiere tomar las armas, para hacerse oír, en este país, donde una movilización no significa nada para la oligarquía mafiosa.

 

¡El pueblo armado, jamás será aplastado!

¡El pueblo armado, jamás será aplastado!

¡El pueblo armado, jamás será aplastado!

 

Los insurgentes que produce, éste sistema social, no figuran en las estadísticas del ministerio de la defensa. Hermanos y primos de victimas de “falsos positivos”, léase ejecuciones extrajudiciales, piden pista en la insurgencia porque saben que es mejor morir con el fusil en la mano, que morir arrodillado.

 

Si nos atenemos a las cifras oficiales, la oligarquía hace rato, derrotó a la insurgencia. Las cifras no le cuadran a la oligarquía para justificar sus presupuestos de guerra.

 

La insurgencia que actualmente combate al régimen mafioso y a sus gendarmes del norte, no tienen nada que ver, con los famélicos desmovilizados de antaño. Aquí hay resistencia pa’ rato, así que la oligarquía debe engavetar su quimera.

Cuantos presidentes, cuantos ministros de guerra han prometido vencer a los herederos marquetalianos. Los hemos visto pasar vociferando discursos victoriosos y muy pronto, ante el dictamen de los hechos, los hemos visto pasar de largo, desgarbados, canosos, frustrados, sin pena ni gloria camino al buen retiro, con su quimera hecha añicos.

 

Desmovilización ¡mamola!